martes, 10 de julio de 2012

Across the Universe

"If God is a DJ, Life is a dance floor, Love is a rhythm, and You are the music."


De todas las manías que poseo, hay una que conservo con especial ahínco.

Siempre he creído que llegamos a conocer más a una persona realizando un viaje juntos por carretera que en la intimidad.

No importa el destino, ni el tiempo que haya carretera a nuestro alrededor, lo importante es llevar a alguien en el asiento del copiloto, o en su caso, ocupar uno mismo dicho asiento.

La carretera dese mi parecer, es el territorio incierto y al mismo tiempo conocido, en el que ambas mentes y espíritus se muestran cual son realmente.

Es estar en contacto con el todo, y compartir ese momento con alguien más.

Es ver de reojo la manera en que alguien más se concentra en el volante, y… si tienes suerte, es ver la manera en que con una mano conduce, y con la otra, de vez en vez, acaricia la tuya.

Nuestra historia ha estado llena de altibajos: Aparece un instante, y desparece por grandes períodos de tiempo, y cuando comienzo a olvidarlo, nuevamente aparece y le inyecta adrenalina a mi corazón.

Irónica y vulgarmente, es lo único que me inyectaba durante seis años, adrenalina. Ja!

Había hecho todo lo posible e imposible para que me volviera a besar como el día en que nos conocimos.

Me alacié el pelo, usé escote, usé perfume lujurioso, lo embriagué, me le insinué, hice todo lo sensatamente correcto hasta ese momento, y nada.

Fue en algún mes de Marzo cuando aconteció.

En un momento en que nuestra amistad estaba más fría que un iceberg, él vino desde su actual residencia tapatía hasta mi lugar de residencia olvidado de toda civilización.

Cuando me dijo que me visitaría, la verdad yo pensé que abortaría la misión, que como siempre cancelaría a última hora, y hasta hice planes para ese fin, máxime que hubo sucesos extraordinarios ese viernes y no había salidas de la central camionera de su Ciudad.

Y él, en lugar de regresarse a su casa, esperó y esperó y esperó hasta que salió un camión hacia Guanajuato.

Llegó a la una de la mañana a la central, y yo pasé por él.

No puedo negar que sentí una inmensa alegría al verlo parado esperando por mí.

Hacía más de un año que no le había visto.

Y no sabía cuáles eran los planes de él, cuándo iba a regresarse o qué quería hacer, nada, no había ni un solo plan.

Sólo éramos, él y yo.

En mi mundo, no tener un plan me friquea, no sé qué hacer, se me cierra el mundo no tener una directriz, y él, aún siendo de mi misma casa astral, es todo lo contrario, sólo deja que el Universo fluya.

Y esa parte de él, es tan….. adorable.

Desde que se subió a runrún hasta el día domingo por la noche en que lo volví a dejar en la Central, no me dejó pagar un solo centavo.

Todo, todo, TODO lo pagó él.

Comidas, desayunos, cenas, cervezas, drinks, cine, antojos, todo…..

Y he de decir, que es una sensación orgásmica.

Se quedó a dormir en mi casita, Mamufa es de la idea de que nuestros amigos siempre son bienvenidos a pasar la noche con nosotros, y la neta se porta increíble con nuestras amistades.

Fuimos el sábado por la tarde a Guanajuato capital, y mientras él elegía la música, yo ponía atención al frente del volante; y mientras él sonreía, mi corazón latía al unísono.

Ése fin de semana no hubo besos apasionados, mi miradas lascivas, mucho menos sexo tierno o desenfrenado.

El destino quiso que fueran unos meses después cuando él besara tiernamente mi espalda desnuda después de hacerme el amor.

Sólo sé que ése fin de semana de Marzo hubo algo más íntimo entre él y yo: hubo un viaje en carretera.