domingo, 26 de abril de 2015

Tuvieron que pasar 33 años....

¿Qué es lo que hace a una persona ser sexy, sensual o atractiva?

¿Cuáles leyes de la física o de la mera anatomía son las que juegan un papel decisivo para que una persona tenga el poder de atracción sobre otra u otras?

Crecemos en un mundo que nos envía mil y un imágenes de lo que es ser atractivo.
El mismo mundo donde sólo un 25% de la gente tiene la materia prima para encajar en ese selecto grupo de gente alucinante.

Pero, al resto, al otro 75%, siempre nos quedará pulir, afinar o descubrir un arma mucho más letal que el físico: La personalidad.

En 33 años todas las citas a las que he ido han sido encuentros donde había acudido siempre nerviosa, pensando y aprendiendo diálogos de memoria desde antes, para no parecer tonta.
Curiosamente, preparar un encuentro, sólo lleva al fracaso.

Pero de eso, te das cuenta cuando has tropezado una y otra, y otra, y otra vez.

¿Qué sexy podía haber sido una mujer de 1.65 de altura que pesaba 80 kilos con sus dientes encimados, que siempre veía al suelo por ese temor a la desaprobación del mundo y que siempre vestía de negro para pasar desapercibida para los demás y para ocultar el prominente exceso de grasa?

La verdad es que esa mujer podía haber sido tan sexy como ella se lo hubiera propuesto, pero..... Ella no se gustaba a sí misma.

Acudir a comprarse ropa y ver que la talla más grande no te queda, y sólo te resta ir a la sección de señoras, es un golpe en seco para el autoestima.
Ir a 9379282738 citas y darte cuenta que a ellos les gustas sólo para pernoctar pero no para ser ese compañero de vida que se sienta orgulloso de ti y te impulse a lograr tus sueños, y no sólo... sino que él también sea parte de ésos sueños....

El resultado es que tocas fondo, y tienes dos opciones: seguir como has sido hasta ahora, vivir usando negro eternamente o algún color claro en primavera, y caminando viendo hacia el suelo, estudiando diálogos que nunca son exitosos en las citas....
O, decidirte a cambiar tu vida.

Decidirte a encontrar la seguridad en ti misma, a usar colores claros, a trabajar para encontrar tus verdaderos rasgos faciales escondidos detrás de kilos y más kilos de mejillas, a sudar día a día, hasta sacar la última gota de grasa de tu cuerpo, esa misma grasa que siempre escondió la fé en ti misma.

Voy a mitad de ese camino.
En un año y medio he bajado diez kilos, me faltan otros diez.
Fui al odontólogo a corregir mi problema dental, y todavía me falta un año y medio usando brackets.
Mi mente se fija más en colores claros a la hora de elegir la ropa.
No le tengo miedo al mirarme al espejo, y cuando encuentro algo que no me gusta, busco la manera de trabajar en ello, en lugar de salir huyendo hacia los chocolates.

Y sí, he tenido altibajos, he tenido noches en las que me como todos los chocolates que mi panza puede almacenar.
Y sí, al día siguiente me siento terrible, y me regaño a mí misma, y vuelvo a comer lechuga y arándanos.

Ayer fui al cine con mi hermano menor a la ciudad vecina de León.
Y el chico que nos atendió en Cinépolis era un chico de inicios de sus 20´s.
Él posee ese encanto peculiar que sólo la juventud trae consigo.
Era guapo y sonreía.
Me preguntaba si tenía tarjeta de Cinépolis, si tenía un billete de menor cuantía de $500, y me platicaba acerca de la dificultad de conseguir cambio, mientras se sonrojaba.

Al despedirnos, su compañero de ventas que vio y escuchó toda nuestra plática le dijo palabras que no alcancé a distinguir en un principio y se reía de él diciéndole un claro "Eres un idiota".

Mi hermano me dijo mientras caminábamos: "Yeap. le gustaste y no sabía qué decir. Se notaba a leguas.".

Me recordó tanto a mí.

Tuvieron que pasar 33 años para que mi personalidad y mi lenguaje corporal pusieran nervioso a un hombre.

3 comentarios:

Sergio Varela dijo...

No sé cómo hacerlo, sin embargo de alguna forma hay que hacerlo y sólo diré, estoy aquí, lleno de vergüenza, con la cola entre las patas, ya sin forma particular de despedirme, pues siento que tal confianza no se construye en un "hola", estoy aquí, de regreso, y pues... hola.

jess dijo...

Hola! :)
Qué grato tenerte de regreso!!!

Renovemos una nueva y mejor manera de despedirnos entonces ;)

Sergio Varela. dijo...

Boohoooooooooo!!!! :´) la emoción me embarga... ven a mis brazos Jess de mi corazón!!!!! te extrañé mares, y algo siempre quedó ahí, y un día te busqué, y entonces vi que se había quedado como congelado en el tiempo este tu blog, y se me congeló el corazón, se habrá casado? será ya mamá y el pañal no le da tiempo de otra cosa... se hartaría de escribir? se hizo ciudadana de un país lejano? miles y miles de ideas cruzaron mi cabeza, y me reconforta saber que aún sigues ahí, donde sea ese lugar, pero al pie del teclado, como los buenos guerreros de las letras, cómo te extrañé!... I really did! Venga, abrazame y no me dejes ir!