A punto de cerrar mi tercera década, me he puesto a pensar más de una vez en las ironías de la vida.
En todo aquello que anteriormente pensaba que era injusto y años más adelante tendría una razón de ser.
Como buena mujer del siglo XXI, me azoto un tanto porque no tengo novio, y a ciencia cierta, nunca he tenido lo que se llama un novio formal.
Como buena mujer del siglo XXI, me la paso en chinguiza en una oficina, haciendo y deshaciendo, a veces la verdad holgazaneando y tirándome a la perdición, pero cuando es necesario, me pongo las pilas, me aplico y me doy cuenta que lo mío, lo mío, es trabajar bajo presión.
Como buena mujer del siglo XXI, me he dejado apantallar por el mundo plástico y superficial de la vida socialité, y he aumentado mi mamonería como en un 700% aduciendo que “Yo lo valgo.” Ja! ¿Así o más pendeja?
Como buena mujer del siglo XXI, teñí mi pelo de rubio para seguir prototipos de éxito femenino, y la verdad, no creo abandonar el peróxido en mucho tiempo: “Ellos las prefieren rubias”, puritita verdá de Dios que sí! Y al decir ellos, no es sólo a hombres en la extensión de la palabra hombres/affairs, sino a colegas que me ven como “ahhhhhhh la niña de pelo rubio”, y a los oficiales de tránsito que te detienen sólo para verte sonreír y dejarte ir sin prestar atención a si verificaste el runrún o no. Oh sí, de mi parte, ¡Larga vida al peróxido!
Como buena mujer del siglo XXI, voy al gym dos meses y falto diez, hago dieta cinco meses y la rompo siete, pido dos quesadillas al pastor y una coca ligth de lata para cenar, tengo ataques depresivos y de ansiedad con la luna llena y me convierto no en mujer lobo, sino algo peor, en drama queen.
Como buena mujer del siglo XXI, deslizo y deslizo mi tarjeta de crédito hasta que ya no pasa y de repente me quedo de pie y digo “¡zas! Y ora, de dónde voy a pagar?”.
Como buena mujer del siglo XXI, he aprendido que no hay una fórmula mágica de la felicidad, no importa cuántos pares de zapatos tengas, ni cuántos diplomas hayas obtenido, ni cuántos besos hayas dado, ni cuántos asuntos hayas perdido, ni cuántos kilómetros hayas caminado o volado, ni cuántas cervezas hayas tomado, ni cuántos libros hayas leído….. Nunca será suficiente. La naturaleza humana es así, insatisfecha por esencia propia, y me atrevo a decir que esto también atañe a los hombres.
Pero….. como ¿buena? Mujer del siglo XXI…… Nunca en mi vida he pronunciado un “Te amo”.
A veces, cuando estoy sola y leo esas historias de amantes donde te atiborran de miel, evoco el tener a alguien a mi lado que me abrace y me susurre un “Te amo.”.
Luego, recorro hojas del libro de mi historia y regreso a mis dulces 21’s donde me creía una ñoña freaky por nunca haber besado a un hombre a una edad donde todas mis amigas, sin excepción, habían besado a uno, dos, tres o más hombres.
Y resulta que me sentía tan mal por no llenar los estándares sociales que mi primer beso fue con el primer gañán que se me cruzó en el camino.
A ese primer gañán, le siguió uno que otro, pero uno aprende a no besar a cualquiera. No porque uno sea la princesa de Mónaco, sino porque sabe que hay que tratar “igual a los iguales, y desigual a los desiguales.”, y al menos, yo no me considero igual que un patán.
Con el tiempo, comencé a cambiar un poco, y a modelar la materia prima, y a mis 29’s he besado a hombres increíbles, en toda la extensión de la palabra.
Y aunque podría decir que no me arrepiento de nada de lo que haya hecho (ya qué, lo hecho, hecho está jajaja), no podría aseverar que estoy muy convencida de haber tomado las decisiones correctas en algunos aspectos.
Pero ello me sirvió para aprender que la primera vez que dijera un “Te amo”, no importa qué edad tuviera, nunca sería a destiempo.
.....
Con todo y todo, Yo Te Amo, México.
:)
jueves, 15 de septiembre de 2011
lunes, 5 de septiembre de 2011
"Vida nada te debo,
“…. Es la memoria que hay en nuestros corazones.”
Enanitos Verdes.
¿Qué es lo que hace especial una amistad entre un hombre y una mujer?
Siempre he tenido un Código de la Amistad.
Creo inclusive, que mi mejor faceta como persona, es cuando soy amiga.
Y la verdad es que si pudiera cambiar algo de mí, sería mi memoria.
Quisiera borrar todos los pequeños detalles en los que suelo fijarme y aprendo de las demás personas.
Pero no puedo, es una manía muy arraigada, es llegar a lo universal a través de lo particular.
Alguna vez en Abril, en alguna antigua llamada matutina, su voz, tan eufórica como siempre lo es, me dijo: “Heeeeey!! De hecho, yo también quiero regalarte un libro, escúchame bien –decía riendo y sonriendo- tienes prohibido comprarlo porque yo te lo quiero dar, es un libro buenísimo que sé que te va a encantar.”.
Yo, que guardo celosamente cada regalo de cada persona, y que alucino cada detalle de él hacia mí, sonreí intensamente al saber que él pensaba en mí de la misma manera en que yo pensaba en él.
Algunos meses después, pareciera como si su memoria hubiera olvidado ese capítulo de nuestras vidas, y me escribió del otro lado de su monitor: “Te voy a recomendar un libro, cómpralo, lo lees y me dices qué te parece.”.
Muy posiblemente hice mal en quedarme callada y derramar lágrimas involuntarias detrás del monitor, y debí decirle que no fuera insensible, pero nunca he querido importunarle con mis sentimientos para no alejarle de mí.
Acudí a una feria de libros en la ciudad de Guanajuato capital, y mientras observaba todos los ejemplares que ahí había, ví dicha obra literaria frente a mí, mi corazón se estremeció pero mi parte racional dijo “No seas infantil y cursi, y mejor cómpralo.”, pagué los 160 pesos que costó y a cada noche leo un fragmento de sí.
No puedo negar que sea una increíble historia de suspenso que reta la mente del lector palabra tras palabra.
Pero tampoco puedo negar que cada palabra que leo es una daga hirviendo que penetra lenta y cruelmente a mi corazón.
---------------------------------------------------
.... Vida estamos en Paz."
Amado Nervo.
Enanitos Verdes.
¿Qué es lo que hace especial una amistad entre un hombre y una mujer?
Siempre he tenido un Código de la Amistad.
Creo inclusive, que mi mejor faceta como persona, es cuando soy amiga.
Y la verdad es que si pudiera cambiar algo de mí, sería mi memoria.
Quisiera borrar todos los pequeños detalles en los que suelo fijarme y aprendo de las demás personas.
Pero no puedo, es una manía muy arraigada, es llegar a lo universal a través de lo particular.
Alguna vez en Abril, en alguna antigua llamada matutina, su voz, tan eufórica como siempre lo es, me dijo: “Heeeeey!! De hecho, yo también quiero regalarte un libro, escúchame bien –decía riendo y sonriendo- tienes prohibido comprarlo porque yo te lo quiero dar, es un libro buenísimo que sé que te va a encantar.”.
Yo, que guardo celosamente cada regalo de cada persona, y que alucino cada detalle de él hacia mí, sonreí intensamente al saber que él pensaba en mí de la misma manera en que yo pensaba en él.
Algunos meses después, pareciera como si su memoria hubiera olvidado ese capítulo de nuestras vidas, y me escribió del otro lado de su monitor: “Te voy a recomendar un libro, cómpralo, lo lees y me dices qué te parece.”.
Muy posiblemente hice mal en quedarme callada y derramar lágrimas involuntarias detrás del monitor, y debí decirle que no fuera insensible, pero nunca he querido importunarle con mis sentimientos para no alejarle de mí.
Acudí a una feria de libros en la ciudad de Guanajuato capital, y mientras observaba todos los ejemplares que ahí había, ví dicha obra literaria frente a mí, mi corazón se estremeció pero mi parte racional dijo “No seas infantil y cursi, y mejor cómpralo.”, pagué los 160 pesos que costó y a cada noche leo un fragmento de sí.
No puedo negar que sea una increíble historia de suspenso que reta la mente del lector palabra tras palabra.
Pero tampoco puedo negar que cada palabra que leo es una daga hirviendo que penetra lenta y cruelmente a mi corazón.
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.... Vida estamos en Paz."
Amado Nervo.
miércoles, 31 de agosto de 2011
La casa siempre gana.
“Los casinos de las Vegas juegan con las leyes de las probabilidades.-”.- Dijo él ante la atención de todos los que allí estábamos.- “La mayoría le da al jugador un 42% de posibilidades de ganar, y los que dan más posibilidades de ganar es un porcentaje del 47% no más. Así que por eso es que la casa, siempre gana. Por ese 8%-3% que se deduce a favor de los casinos. Es mentira que se puedan hacer apuestas de millones de dólares como pasan en las películas, siempre hay un máximo para apostar, y generalmente es de mil dólares, imaginen ustedes que pudieran ganarse uno o dos o diez millones en una sola mano, quien gana, retira su apuesta y su ganancia y se va del casino, y el negocio de dichos lugares no es que la gente gane y se retire con su ganancia, sino que gane y quiera ganar más, hasta que lo pierde todo.”.
“Uno ahí conoce gente de todo tipo, gente famosa como Nelson Vargas o Matt Damon, pero recuerdo especialmente que conocí a un hombre que trabajó para Al Capone, no era uno de sus hombres allegados, sino simplemente era su portero, así que él se daba cuenta perfectamente de quién entraba y quién salía, y suponía los negocios que se cerraban con su jefe, pero nunca tuvo una certeza total y absoluta.”
“Él, decía nuestro interlocutor, recordaba esos años de su vida porque aunque no tenía la gran fortuna de su jefe, vivía con las mismas comodidades que él. Al le mandó hacer trajes italianos con su propio sastre, porque todos los empleados de Al, debían vestir con estilo. Siempre comía sus tres tiempos, en horarios laborales, así que también él consumía alimentos de los que Al degustaba. Y tenía un pequeño departamento para dormir al finalizar sus jornadas.”
“Por mucho dinero que llegue a tener una persona, sólo puede vestir un traje a la vez; no importa que tenga otros mil en su guardaropa, por mucho dinero que tenga alguien, sólo puede hacer tres comidas al día, no puede mandarse hacer otro estómago; por mucho dinero que tenga una persona, sólo puede dormir en una cama, no en las diez mil camas que puede comprarse con su capital.”.
“Para ser feliz en la vida, decía el portero de Al, no hace falta mucho. Los hombres ambicionan más de lo que tienen porque no valoran estos simples y sencillos aspectos. Yo con mi salario de portero, tenía vida de rey, y tenía la misma calidad de vida que tenían todos los hombres poderosos que ví entrar y salir tantas veces…..”.
Mientras conducía de regreso a mi hogar, me quedé pensando en todo lo que había oído esa tarde.
Ese hombre retirado nunca imaginó que esa noche en las Vegas, compartiría su conocimiento también con una pueblerina del país vecino del Sur.
Y eso, que sólo había un 0.0000001% de probabilidad de que su historia fuera conocida por mí.
No cabe duda, de que los grandes aprendizajes llegarán a través de la escuela de la vida.
En efecto, la casa siempre gana.
“Uno ahí conoce gente de todo tipo, gente famosa como Nelson Vargas o Matt Damon, pero recuerdo especialmente que conocí a un hombre que trabajó para Al Capone, no era uno de sus hombres allegados, sino simplemente era su portero, así que él se daba cuenta perfectamente de quién entraba y quién salía, y suponía los negocios que se cerraban con su jefe, pero nunca tuvo una certeza total y absoluta.”
“Él, decía nuestro interlocutor, recordaba esos años de su vida porque aunque no tenía la gran fortuna de su jefe, vivía con las mismas comodidades que él. Al le mandó hacer trajes italianos con su propio sastre, porque todos los empleados de Al, debían vestir con estilo. Siempre comía sus tres tiempos, en horarios laborales, así que también él consumía alimentos de los que Al degustaba. Y tenía un pequeño departamento para dormir al finalizar sus jornadas.”
“Por mucho dinero que llegue a tener una persona, sólo puede vestir un traje a la vez; no importa que tenga otros mil en su guardaropa, por mucho dinero que tenga alguien, sólo puede hacer tres comidas al día, no puede mandarse hacer otro estómago; por mucho dinero que tenga una persona, sólo puede dormir en una cama, no en las diez mil camas que puede comprarse con su capital.”.
“Para ser feliz en la vida, decía el portero de Al, no hace falta mucho. Los hombres ambicionan más de lo que tienen porque no valoran estos simples y sencillos aspectos. Yo con mi salario de portero, tenía vida de rey, y tenía la misma calidad de vida que tenían todos los hombres poderosos que ví entrar y salir tantas veces…..”.
Mientras conducía de regreso a mi hogar, me quedé pensando en todo lo que había oído esa tarde.
Ese hombre retirado nunca imaginó que esa noche en las Vegas, compartiría su conocimiento también con una pueblerina del país vecino del Sur.
Y eso, que sólo había un 0.0000001% de probabilidad de que su historia fuera conocida por mí.
No cabe duda, de que los grandes aprendizajes llegarán a través de la escuela de la vida.
En efecto, la casa siempre gana.
martes, 23 de agosto de 2011
Cafe Des Artistes
La mesa de madera estaba pulcramente colocada debajo de aquél edificio histórico.
Tres de sus cuatro asientos estaban ocupados por dos hombres y una mujer. Todos ellos vestidos de manera formal.
Sin hojear siquiera la carta, ella pidió al mesero un café americano.
Ella veía directamente al par de hombres que a su vez, se encontraban dubitativos ante su presencia.
- Pensamos que vendría el Ingeniero….. Es decir, el Ingeniero y usted.
- Nuestro cliente decidió que viniera yo.- Dijo ella sin quitar la mirada del par de individuos.
- Bueno, es que… usted sabe, toda nuestra comunicación ha sido con el Ingeniero y…..
- Cada palabra que ustedes le hayan dicho al Ingeniero, tengan por seguro que fue reproducida fielmente conmigo.
El par de hombres se vieron uno al otro, y continuaron.
- Ha habido algunos contratiempos….. El contrato que firmamos no podrá finiquitarse de la manera estipulada debido a causas ajenas a nosotros, sin embargo, le comenté al Ingeniero la posibilidad de lograr el mismo, el mismito resultado pero con diferente ruta.
- El Ingeniero me comentó esa posibilidad y ustedes deben saber bien nuestra postura, por ese camino no tenemos ninguna intención de transitar, ustedes saben que la propia lógica está en contra de lo que ustedes me están proponiendo.- Dijo aquella mujer de pelo alaciado mientras agregaba azúcar al café.
- Nosotros tenemos un compromiso con ustedes, y no hemos tenido un solo cliente que no haya quedado satisfecho con nuestros servicios profesionales prestados, y le podemos asegurar que para efectos prácticos, el resultado será el mismo.
Ella terminó de mezclar la azúcar dentro del café, volteó a mirarlos de manera irónica y les dijo:
- La misma seguridad que me ofrecen en este momento, la ofrecieron hace un mes, así que a nombre de los intereses que represento, permítanme mostrarme un tanto incrédula.
- Tenga la seguridad, de que somos gente de palabra.- repetían ellos una y otra vez.
Ella, terminó su café mientras oía al par de hombres repitiendo continuamente las mismas palabras.
- No queremos más intermediarios.- Dijo ella mientras alejaba la taza de sí.- Me pagaron, y me pagaron bien, por venir a hablar personalmente con la Administradora de la Empresa.
El par de hombres se miraron y pidieron la cuenta.
Ella se levantó, sacó las gafas oscuras de su estuche y salió del lugar.
Yo estaba en la mesa contigua tomando una limonada, mientras esperaba la hora de ir a la reunión laboral en tierras vecinas.
Por unos instantes, envidié la seguridad con la que se conducía esa mujer.
Volteé a ver mi limonada y releí los documentos que había estudiado a la perfección desde hacía un año.
Podía sentir la manera en que mi piel temblaba de los nervios.
Cerré los documentos impresos, y fui a desahogar mi prueba.
No sé si me fue bien o mal.
Sólo me resta esperar la Sentencia.
A la salida de mi audiencia, fui a la Catedral a rezar un rato, y de ahí me dirigí hacia un jardín bonsái, sé que el rezar no cambiará el futuro, pero le dio tranquilidad espiritual a mi presente.
Tres de sus cuatro asientos estaban ocupados por dos hombres y una mujer. Todos ellos vestidos de manera formal.
Sin hojear siquiera la carta, ella pidió al mesero un café americano.
Ella veía directamente al par de hombres que a su vez, se encontraban dubitativos ante su presencia.
- Pensamos que vendría el Ingeniero….. Es decir, el Ingeniero y usted.
- Nuestro cliente decidió que viniera yo.- Dijo ella sin quitar la mirada del par de individuos.
- Bueno, es que… usted sabe, toda nuestra comunicación ha sido con el Ingeniero y…..
- Cada palabra que ustedes le hayan dicho al Ingeniero, tengan por seguro que fue reproducida fielmente conmigo.
El par de hombres se vieron uno al otro, y continuaron.
- Ha habido algunos contratiempos….. El contrato que firmamos no podrá finiquitarse de la manera estipulada debido a causas ajenas a nosotros, sin embargo, le comenté al Ingeniero la posibilidad de lograr el mismo, el mismito resultado pero con diferente ruta.
- El Ingeniero me comentó esa posibilidad y ustedes deben saber bien nuestra postura, por ese camino no tenemos ninguna intención de transitar, ustedes saben que la propia lógica está en contra de lo que ustedes me están proponiendo.- Dijo aquella mujer de pelo alaciado mientras agregaba azúcar al café.
- Nosotros tenemos un compromiso con ustedes, y no hemos tenido un solo cliente que no haya quedado satisfecho con nuestros servicios profesionales prestados, y le podemos asegurar que para efectos prácticos, el resultado será el mismo.
Ella terminó de mezclar la azúcar dentro del café, volteó a mirarlos de manera irónica y les dijo:
- La misma seguridad que me ofrecen en este momento, la ofrecieron hace un mes, así que a nombre de los intereses que represento, permítanme mostrarme un tanto incrédula.
- Tenga la seguridad, de que somos gente de palabra.- repetían ellos una y otra vez.
Ella, terminó su café mientras oía al par de hombres repitiendo continuamente las mismas palabras.
- No queremos más intermediarios.- Dijo ella mientras alejaba la taza de sí.- Me pagaron, y me pagaron bien, por venir a hablar personalmente con la Administradora de la Empresa.
El par de hombres se miraron y pidieron la cuenta.
Ella se levantó, sacó las gafas oscuras de su estuche y salió del lugar.
Yo estaba en la mesa contigua tomando una limonada, mientras esperaba la hora de ir a la reunión laboral en tierras vecinas.
Por unos instantes, envidié la seguridad con la que se conducía esa mujer.
Volteé a ver mi limonada y releí los documentos que había estudiado a la perfección desde hacía un año.
Podía sentir la manera en que mi piel temblaba de los nervios.
Cerré los documentos impresos, y fui a desahogar mi prueba.
No sé si me fue bien o mal.
Sólo me resta esperar la Sentencia.
A la salida de mi audiencia, fui a la Catedral a rezar un rato, y de ahí me dirigí hacia un jardín bonsái, sé que el rezar no cambiará el futuro, pero le dio tranquilidad espiritual a mi presente.
sábado, 20 de agosto de 2011
Pinkey.
Cuando era pequeña, muy pequeña, y papufo salía de viaje por x ó y motivos, esperaba ansiosa su regreso porque siempre nos traía regalos.
Al día de hoy, cuando va a salir de viaje, nos pide que le digamos qué queremos que nos traiga de recuerdo, pero antaño, cuando éramos infantes, él nos traía lo que él consideraba adecuado.
Generalmente nos traía muñecos de peluche.
Aún a la fecha, conservo en mi cabecera a un Pato Donald que ni siquiera es el “Pato Donald” que todos conocemos, pero yo así le llamé siempre, y como siempre fue mi muñeco de peluche favorito, pues al día de hoy está muy percudido, pero aún así sigue siendo hermoso para mí, y obviamente, mi muñeco favorito.
Entre todos los juguetes que nos traía, se encontró alguna vez, un perrito mecánico, que caminaba cuatro pasos, ladraba, se detenía y se daba una marometa, para seguir caminando cuatro pasos más, seguir ladrando, seguirse deteniendo y darse otra marometa, y así sucesivamente.
De todas las mascotas que tuvimos en la casa paterna, nunca se incluyó un cachorrito porque papufo los odiaba, y los odia.
Por azares del destino, hoy en casa tenemos un perrito.
Se llama Pinkey.
Es todo adorable, y es juguetón, ardilla dice que es un perro listo, en los estándares de inteligencia perruna.
Llegó el martes en la noche a la casa.
Y ha ido adaptándose rápidamente.
Ya no llora en las noches extrañando a su mamá.
Más o menos ahí la lleva aprendiendo a hacer del baño.
Haga lo que yo haga, huele a perro, y eso es lo único que me desagrada de él.
Agarra vuelo y corre y corre y corre y salta hacia su camita, a la cual adora porque adora dormir.
Yo casi no estoy en la casa por motivos laborales, por lo que a mamufa y a ardilla les toca chutárselo la mayor parte del tiempo, aún y cuando ellas no lo compraron.
Pinkey, a diferencia de mi perrito mecánico de antaño, no se prende y se apaga cuando yo quiero jugar con él.
Es un ser vivo que demanda atenciones.
Hoy por decir, no sé cómo se metió abajo del refrigerador, y lloró y lloró y lloró, y yo duré como quince minutos en sacarlo de ahí lleno de polvo.
No sé ni cómo logró escabullirse ahí, pero a partir de ese incidente, no se acerca ni de broma a la cocina.
No sé si vayamos a convivir con él durante toda su vida canina, pero sólo sé que por las noches despierto, volteo debajo de mi cama, alrededor de mí hay aroma de perro, me enfado, pero busco ese bulto peludo negro que me ve tiernamente y derrite mi corazón.
Al día de hoy, cuando va a salir de viaje, nos pide que le digamos qué queremos que nos traiga de recuerdo, pero antaño, cuando éramos infantes, él nos traía lo que él consideraba adecuado.
Generalmente nos traía muñecos de peluche.
Aún a la fecha, conservo en mi cabecera a un Pato Donald que ni siquiera es el “Pato Donald” que todos conocemos, pero yo así le llamé siempre, y como siempre fue mi muñeco de peluche favorito, pues al día de hoy está muy percudido, pero aún así sigue siendo hermoso para mí, y obviamente, mi muñeco favorito.
Entre todos los juguetes que nos traía, se encontró alguna vez, un perrito mecánico, que caminaba cuatro pasos, ladraba, se detenía y se daba una marometa, para seguir caminando cuatro pasos más, seguir ladrando, seguirse deteniendo y darse otra marometa, y así sucesivamente.
De todas las mascotas que tuvimos en la casa paterna, nunca se incluyó un cachorrito porque papufo los odiaba, y los odia.
Por azares del destino, hoy en casa tenemos un perrito.
Se llama Pinkey.
Es todo adorable, y es juguetón, ardilla dice que es un perro listo, en los estándares de inteligencia perruna.
Llegó el martes en la noche a la casa.
Y ha ido adaptándose rápidamente.
Ya no llora en las noches extrañando a su mamá.
Más o menos ahí la lleva aprendiendo a hacer del baño.
Haga lo que yo haga, huele a perro, y eso es lo único que me desagrada de él.
Agarra vuelo y corre y corre y corre y salta hacia su camita, a la cual adora porque adora dormir.
Yo casi no estoy en la casa por motivos laborales, por lo que a mamufa y a ardilla les toca chutárselo la mayor parte del tiempo, aún y cuando ellas no lo compraron.
Pinkey, a diferencia de mi perrito mecánico de antaño, no se prende y se apaga cuando yo quiero jugar con él.
Es un ser vivo que demanda atenciones.
Hoy por decir, no sé cómo se metió abajo del refrigerador, y lloró y lloró y lloró, y yo duré como quince minutos en sacarlo de ahí lleno de polvo.
No sé ni cómo logró escabullirse ahí, pero a partir de ese incidente, no se acerca ni de broma a la cocina.
No sé si vayamos a convivir con él durante toda su vida canina, pero sólo sé que por las noches despierto, volteo debajo de mi cama, alrededor de mí hay aroma de perro, me enfado, pero busco ese bulto peludo negro que me ve tiernamente y derrite mi corazón.
lunes, 8 de agosto de 2011
Impulso.
“Si quieres festejar, el Bar Luna es EL LUGAR.”
Yo.
El miércoles pasado fue cumpleaños de una de mis amigas ladies night, y como ella vive en Guanajuato capital, las que pudimos ir hacia allá, nos lanzamos para festejarla en el mejor bar de esa ciudad sito en el Jardín Unión (un must para todos los que visiten dicha hermosísima ciudad colonial).
Cuando las chicas locales llegamos, la cumpleañera estaba con otras dos nenas, y en cuanto las vimos, hicimos algarabía y la felicitamos.
Pedimos cerveza y más cerveza para festejar, y como yo no era conductora resignada pues dije innnngue sú! Vengan de ay’ las victorias!!!, antes de que anocheciera, se acercó el mariachi para preguntarnos quién era la festejada, porque los dos caballeros de la mesa contigua habían pagado la canción que ella quisiera.
Como ellos estaban a mis espaldas no pude pasarles láser alguno. Y en cuanto anocheció, los dos hombres se fueron del lugar, pasando antes uno de ellos a saludar a la cumpleañera.
Yo en cuanto lo ví, quedé paralizada y dije Wooooow!!! Qué guapísimo!, y cuando se fueron, yo ya estaba media ebria y volteé con mi amiga cumpleañera para preguntarle: “Tienes su número?”, ella se sonrojó y dijo que no, yo dije quéeee???? y rasgué mis vestiduras, y luego de eso le dije: “Mira, la neta, es tu cumpleaños, se nota que le gustaste, está mega bizcocho el sabroso, corre y ve a preguntarle su fon!!!”, y entre que sí y entre que no, ella salió en su búsqueda.
Regresó a los cinco minutos diciendo que no los había alcanzado y que se habían metido a un bar que estaba a cuatro cuadras de ahí, yo, con todo mi ánimo etílico, la ví y le dije: “Cobran cover en ese bar?”, ella me dijo: “Nop”, me paré, y ante la expectación de todas las demás, tomé del brazo a la cumpleañera y le dije: “Ven pa’cá!! Esto no se presenta siempre en la vida.”, en cuanto llegamos al bar donde estaban los otros dos, me asomé y al ver que estaban solos, me pasé yo muy fresca como lechuga, los ví y le dije al mega sabroso: “Oye, mi amiga quiere una pic contigo”, pero yo así bien segura y bien impulsada debido a la euforia que no sé cómo surgió ese día en mí, si tuviera esa iniciativa conmigo misma, seguro que en estos momentos sería una soltera codiciada pero bueeee, no se puede tener todo en la vida jejejeje.
Total que entre pics, intercambios de números, pláticas y así, les dijimos que pues seguíamos en el Bar Luna, por si querían ir más de rato.
Regresamos a nuestro lugar y todas nos miraban atónitas.
A la media hora, ambos hombres llegaron, y nos enteramos que el bizcocho era originario de Sao Paulo, a webs que por algo mi radar sonó en cuanto lo vió, y entre cheves, opiniones brasileiras y mariachi, transcurrió la noche.
Entre las pocas cosas que el chico paulista tenía de Bratzil, se encontraba un billete de un real que él llevaba en su cartera, lo ví y le dije: “Awwww cuando vuelvas a ir a Brasil, me regalas uno de ésos va?”, ya que yo tengo un real en moneda, pero no en billete, él tan caballeroso, sonrió y me lo obsequió.
Yo lo miré gustosa y lo metí en mi cartera, al lado del billete de un dólar que me regaló mi sis y que me ha traído mucha $$$uerte.
A la medianoche, y entre risas y el ánimo a todo lo que daba, nos regresamos a nuestro dulce nido.
La cuenta, fue pagada por el par de nenes.
Al día siguiente no pude sino pensar todo el día en todas las oportunidades que perdemos por falta de iniciativa o impulso.
Mis amigas me dijeron que me hice acreedora al título de "amiga del siglo". Ja!
Y yo, sólo sonreía al ver en mi cartera, mi nueva adquisición brasilera.
Yo.
El miércoles pasado fue cumpleaños de una de mis amigas ladies night, y como ella vive en Guanajuato capital, las que pudimos ir hacia allá, nos lanzamos para festejarla en el mejor bar de esa ciudad sito en el Jardín Unión (un must para todos los que visiten dicha hermosísima ciudad colonial).
Cuando las chicas locales llegamos, la cumpleañera estaba con otras dos nenas, y en cuanto las vimos, hicimos algarabía y la felicitamos.
Pedimos cerveza y más cerveza para festejar, y como yo no era conductora resignada pues dije innnngue sú! Vengan de ay’ las victorias!!!, antes de que anocheciera, se acercó el mariachi para preguntarnos quién era la festejada, porque los dos caballeros de la mesa contigua habían pagado la canción que ella quisiera.
Como ellos estaban a mis espaldas no pude pasarles láser alguno. Y en cuanto anocheció, los dos hombres se fueron del lugar, pasando antes uno de ellos a saludar a la cumpleañera.
Yo en cuanto lo ví, quedé paralizada y dije Wooooow!!! Qué guapísimo!, y cuando se fueron, yo ya estaba media ebria y volteé con mi amiga cumpleañera para preguntarle: “Tienes su número?”, ella se sonrojó y dijo que no, yo dije quéeee???? y rasgué mis vestiduras, y luego de eso le dije: “Mira, la neta, es tu cumpleaños, se nota que le gustaste, está mega bizcocho el sabroso, corre y ve a preguntarle su fon!!!”, y entre que sí y entre que no, ella salió en su búsqueda.
Regresó a los cinco minutos diciendo que no los había alcanzado y que se habían metido a un bar que estaba a cuatro cuadras de ahí, yo, con todo mi ánimo etílico, la ví y le dije: “Cobran cover en ese bar?”, ella me dijo: “Nop”, me paré, y ante la expectación de todas las demás, tomé del brazo a la cumpleañera y le dije: “Ven pa’cá!! Esto no se presenta siempre en la vida.”, en cuanto llegamos al bar donde estaban los otros dos, me asomé y al ver que estaban solos, me pasé yo muy fresca como lechuga, los ví y le dije al mega sabroso: “Oye, mi amiga quiere una pic contigo”, pero yo así bien segura y bien impulsada debido a la euforia que no sé cómo surgió ese día en mí, si tuviera esa iniciativa conmigo misma, seguro que en estos momentos sería una soltera codiciada pero bueeee, no se puede tener todo en la vida jejejeje.
Total que entre pics, intercambios de números, pláticas y así, les dijimos que pues seguíamos en el Bar Luna, por si querían ir más de rato.
Regresamos a nuestro lugar y todas nos miraban atónitas.
A la media hora, ambos hombres llegaron, y nos enteramos que el bizcocho era originario de Sao Paulo, a webs que por algo mi radar sonó en cuanto lo vió, y entre cheves, opiniones brasileiras y mariachi, transcurrió la noche.
Entre las pocas cosas que el chico paulista tenía de Bratzil, se encontraba un billete de un real que él llevaba en su cartera, lo ví y le dije: “Awwww cuando vuelvas a ir a Brasil, me regalas uno de ésos va?”, ya que yo tengo un real en moneda, pero no en billete, él tan caballeroso, sonrió y me lo obsequió.
Yo lo miré gustosa y lo metí en mi cartera, al lado del billete de un dólar que me regaló mi sis y que me ha traído mucha $$$uerte.
A la medianoche, y entre risas y el ánimo a todo lo que daba, nos regresamos a nuestro dulce nido.
La cuenta, fue pagada por el par de nenes.
Al día siguiente no pude sino pensar todo el día en todas las oportunidades que perdemos por falta de iniciativa o impulso.
Mis amigas me dijeron que me hice acreedora al título de "amiga del siglo". Ja!
Y yo, sólo sonreía al ver en mi cartera, mi nueva adquisición brasilera.
lunes, 1 de agosto de 2011
De obsequios paternales.
“Nooooo!! ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué siempre me adivinas el pensamiento?.- Me dijo papufo riendo a la hora de pedir la cuenta de la comida el sábado pasado.
……………………………………………..
Papufo , como todos los padres, tuvo muchos errores para con sus hijos.
No se nace sabiendo ser padre o madre.
Pero yo, idealista como soy, no recuerdo sus fallas de antaño, sólo sus aciertos.
Y si algo he de reconocerle, es que los pocos o muchos momentos que estuvimos juntos, me inculcó (sin que yo me diera cuenta) la idea de que yo era especial y muy inteligente, casi casi que una niña genio.
“jessie!! ¿Sabes de qué me estoy acordando al ver en la tele esos fuegos artificiales?”
Y yo, con mi memoria fresca cual lechuga me apuraba en buscar eventos en mi mente que tuvieran qué ver conmigo, con papufo y con fuegos artificiales.
“Del castillo de la fiesta de Santa Cecilia que fuimos a ver la semana pasada papá!!!”.- decía yo con mis ojos brillando intensamente ante la incertidumbre de haber atinado a la respuesta de mi progenitor.
Él, me miraba y con circo, maroma y teatro, me hacía un show de gesticulaciones y me decía: “jessie!!!! Tienes el poder de leer mi mente!!! Cómo adivinas lo que estoy pensando!! Muy bien jessie!!”.
Digo, ya si no recordaba lo sucedido la semana pasada, es que sí estaba en el hoyo. Jejejejeje.
Pero yo crecí con la idea de que su mente y la mía estaban conectadas, y que ése, sólo era un obsequio que se le daba a las mentes pródigas.
Conforme pasó el tiempo y cada vez que vamos a comer a cualquier lugar, jugamos a que antes de abrir la cuenta, cada quien dice una cantidad al azar, y gana el elemento familiar que más se acerque al precio total sin propina, jejejeje.
No gana nada material, sólo el gusto de saberse ganador que implica el haber aprendido los precios de la carta y saber sumar mentalmente, y que de cierta manera, implica un buen manejo de la mente.
El sábado pasado mi papufo me invitó a comer a mi lugar favorito de la ciudad vecina de Irapuato, al momento de pedir la cuenta yo dije mi cantidad, y él me respondió:
“Nooooo!! ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué siempre me adivinas el pensamiento? Es la misma cantidad que yo iba a decir.”.
Las cosas buenas de papufo, persisten aún a través de los años.
Yo sonreí plenamente.
Aún cuando perdí en mi cantidad elegida.
Ja!
Papufo supo sembrar en mí, la idea de que yo tenía una mente pródiga.
Y ése, es el mejor obsequio que un padre puede darle a su hija.
……………………………………………..
Papufo , como todos los padres, tuvo muchos errores para con sus hijos.
No se nace sabiendo ser padre o madre.
Pero yo, idealista como soy, no recuerdo sus fallas de antaño, sólo sus aciertos.
Y si algo he de reconocerle, es que los pocos o muchos momentos que estuvimos juntos, me inculcó (sin que yo me diera cuenta) la idea de que yo era especial y muy inteligente, casi casi que una niña genio.
“jessie!! ¿Sabes de qué me estoy acordando al ver en la tele esos fuegos artificiales?”
Y yo, con mi memoria fresca cual lechuga me apuraba en buscar eventos en mi mente que tuvieran qué ver conmigo, con papufo y con fuegos artificiales.
“Del castillo de la fiesta de Santa Cecilia que fuimos a ver la semana pasada papá!!!”.- decía yo con mis ojos brillando intensamente ante la incertidumbre de haber atinado a la respuesta de mi progenitor.
Él, me miraba y con circo, maroma y teatro, me hacía un show de gesticulaciones y me decía: “jessie!!!! Tienes el poder de leer mi mente!!! Cómo adivinas lo que estoy pensando!! Muy bien jessie!!”.
Digo, ya si no recordaba lo sucedido la semana pasada, es que sí estaba en el hoyo. Jejejejeje.
Pero yo crecí con la idea de que su mente y la mía estaban conectadas, y que ése, sólo era un obsequio que se le daba a las mentes pródigas.
Conforme pasó el tiempo y cada vez que vamos a comer a cualquier lugar, jugamos a que antes de abrir la cuenta, cada quien dice una cantidad al azar, y gana el elemento familiar que más se acerque al precio total sin propina, jejejeje.
No gana nada material, sólo el gusto de saberse ganador que implica el haber aprendido los precios de la carta y saber sumar mentalmente, y que de cierta manera, implica un buen manejo de la mente.
El sábado pasado mi papufo me invitó a comer a mi lugar favorito de la ciudad vecina de Irapuato, al momento de pedir la cuenta yo dije mi cantidad, y él me respondió:
“Nooooo!! ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué siempre me adivinas el pensamiento? Es la misma cantidad que yo iba a decir.”.
Las cosas buenas de papufo, persisten aún a través de los años.
Yo sonreí plenamente.
Aún cuando perdí en mi cantidad elegida.
Ja!
Papufo supo sembrar en mí, la idea de que yo tenía una mente pródiga.
Y ése, es el mejor obsequio que un padre puede darle a su hija.
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